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Prácticas Educativas Solidarias

Prácticas Educativas SolidariasLos alumnos del Nivel Superior del Profesorado de Primario, en el marco del proyecto "Aprender sirve, servir enseña", concurrieron a la escuela Vicente Chas de la localidad de Muñiz.

La experiencia propone entre sus objetivos:

  • Abordar ámbitos de recontextualización curricular, favoreciendo vínculos y lazos afectivos, que permitan a los alumnos practicantes reflexionar sobre su hacer y adaptarse a la diversidad de realidades escolares.
  • Incorporar las prácticas de aprendizaje- servicio al escenario curricular
  • Formalizar una instancia de intervención comunitaria y el desarrollo de competencias, permitiendo a las alumnas-practicantes ser agentes de cambio positivo en la la comunidad
  • Desarrollar una ciudadanía participativa, generando espacios comunitarios de aprendizaje y oportunidades de colaboración en la construcción del conocimiento.

Tanto los alumnos como los docentes que acompañaron, se sintieron muy movilizados por la experiencia. Para leer más, tenemos el relato de dos alumnas y algunas fotos.

 

RELATO 1
Visita a la escuela de Muñiz

Ir a la escuela de Muñiz fue una experiencia única. Diferente a todo lo que había podido imaginar a cerca de esta escuela.

Uno está acostumbrado a trabajar con otra realidad, que si bien también tiene problemas, es una realidad totalmente distante y diferente a la de estos niños de Muñiz.

El primer impacto fue recorrer el barrio donde se encuentra, tomar conciencia de lo que uno puede ver en la televisión o leer en los periódicos, eso que uno ve en los medios de comunicación es la realidad diaria de estas personas, que deben luchar contra muchas cosas: pelear por un trabajo, por una educación, por una salud dignos y contra el prejuicio de los “otros”.

La experiencia en la escuela despertó distintas clases de sentimientos en mí (sorpresa primero, ansiedad por trabajar con esos niños, necesidad de transmitirles la idea de que a través del estudio y el trabajo pueden lograr lo que se propongan en la vida), y lo principal fue la sensación de que no puedo quedarme sólo con esta visita, sino que de alguna manera debo seguir ayudando a estos chicos. Estos chicos con muchas necesidades, desde lo económico hasta lo afectivo.

Fue increíble sentir el amor que transmiten, ese mismo amor que sin pedirlo lo piden, cómo valoran cada gesto, cada pequeña cosa que uno puede brindarles. La ansiedad que demuestran ante cada cosa que uno les puede enseñar, la voluntad que ponen para trabajar y hacerlo de la mejor manera posible.

Al hablar con la directora del establecimiento nos fuimos enterando de la cotidianeidad de estos alumnos, una dura realidad que los lleva a encontrar en la escuela un lugar único de contención, principalmente afectiva.

Como dije al principio, esta no fue una experiencia más dentro de mi formación docente, fue una experiencia única, y por eso mismo siento esa necesidad de seguir ayudando de alguna manera, por más chiquita que sea, para que estos niños y todos los que pasarán por esa escuela tengan la posibilidad de sentirse felices y disfrutar plenamente de su niñez.

RELATO 2
Un día antes y un día después

Aquella mañana del  14 de julio de 2010, el frío parecía muy intenso y la sensación térmica se sentía  por debajo del grado cero. Nuestro viaje arrancó muy temprano, el camino no era muy largo ni muy corto pero era sin duda alguna un trayecto que marcaría definitivamente varios destinos.  

Partimos entonces rumbo a la escuela Muñiz en búsqueda de nuevos aprendizajes, aquellos  que nunca se terminan y que duran y se perfeccionan a lo largo de toda la vida.

Entre risas y anécdotas varias, el viaje duró un abrir y cerrar de ojos, cuando quisimos recordarlo, cientos de niños jugaban en un gran patio en pleno aire libre, se oían carcajadas, gritos, nombres, pasos, trotes, corridas, los chicos se divertían, y reían de tal manera que parecían estar ausentes y lejanos de la realidad.

Todo sucedía rápido. L a campana sonó. Un aluvión de niños irrumpía en el interior de la escuela, se abrían y se cerraban puertas, pasaban y se apresuraban maestras en los pasillos, docentes y alumnos comenzaban a ingresar a sus respectivas aulas.

Repentinamente el temido instante de romper el hielo llegó, aquel momento en el que cara a cara debíamos enfrentarnos a rostros nuevos y lograr captar la atención de un grupo de niños que esperaban algo de nosotras.

Todo a nuestro alrededor sucedía a una velocidad imposible de calcular, como en una carrera. No podíamos detenernos a pensar, aquellos rostros inocentes nos miraban sin sacarnos los ojos de encima. Aquel instante que infinitas veces parece perturbarnos porque pensamos que no sabemos cómo comenzar se desarrolló con la mejor y más completa de las naturalidades, con una mezcla de magia, candidez y una profunda cuota de afecto. Una vez más, los niños lo hacían todo posible, el puente para llegar a ellos se construía por medio de palabras, gestos y miradas impregnadas de buenas intenciones.

Aquellos chicos de seis, siete u ocho años tal vez hacían todo tipo de pregunta,  hablaban fuerte incluso gritando y desordenadamente pero ciertamente admirando todo lo que ocurría a su alrededor. Las expresiones de sus rostros reflejaban un imperioso deseo de que ese recorte de tiempo en el que los habíamos sacado de su realidad cotidiana con una propuesta diferente durara para siempre. Se escuchaba y se veía de todo, un aula desorganizada, un grupo de chicos ansiosos, nerviosos, alegres, bruscos. Se percibían todos los estilos.

La hora de un agasajo con chocolate caliente y galletitas dulces los envolvió y logró calmar la ansiedad por unos instantes. No había palabras suficientes para describir las respuestas de aquellos seres fascinados.

Nuevamente, todo sucedía como en una carrera contra el tiempo, se volvían a acomodar los bancos y salían del aula a enfrentarse a los momentos probablemente más difíciles, la hora del mediodía, la de asegurarse un almuerzo caliente, un hogar adecuado, una familia que los esperara. Aquellos “pequeños grandes” salían de la escuela a desafiar, en muchos casos un futuro incierto.

No podemos ser indiferentes a esta realidad, no debemos cerrar los ojos y abrirlos en el barrio de Belgrano de la capital. La cruel realidad existe cerca, muy cerca, medianamente cerca y lejos y muy lejos también.

Un grano de arena multiplicado por 2, por 3 por 100 o por millones será en algún momento un castillo de arena, mil castillos de arena y poco a poco los niños podrán cubrir las necesidades más urgentes.

La enseñanza de aquel 14 de julio se describe en una oración: ¿podemos seguir viviendo nuestra vida sin ayudar al otro cuando somos responsables de formar aquellos otros? 

Karin Acosta

RELATO 3

Mi nombre es Myriam Bonnet y soy alumna de 3er. año del Profesorado de EGB.

En julio tuve la oportunidad de visitar una mañana a los alumnos de 4to. grado del Instituto Santa Ana y San Joaquín de Muñiz. Tenía planeado hacer la actividad con una sola división  4to. Grado, pero finalmente juntamos las dos clases. Me acompañó y ayudó en todo momento la profesora de TCPD 3, Patricia Pasquali.

La actividad a realizar fue confeccionar un ¨Bichonario¨ (diccionario de ¨bichos´).

La primera propuesta fue inventar un ¨bicho¨ (mezcla de un animal y un objeto, mezcla de dos objetos o mezcla de dos animales). Para esto entregamos a los alumnos una hoja en blanco donde hicieron la descripción de sus ¨bichos¨.

Luego les entregamos otra hoja en blanco para que dibujaran su ¨bicho¨ y le pusieran un nombre.

Por último los niños confeccionaron su propio ¨bicho¨ con material descartable.

Fue una experiencia muy linda.  Fuimos muy bien recibidas por las docentes, alumnos y personal directivo.

Los alumnos participaron en todo momento y con mucho entusiasmo.  Se mostraron muy cariñosos y comunicativos. Lograron producciones muy lindas y elaboradas. Me llamó la atención especialmente la sensibilidad, el amor y agradecimiento que mostraron hacia nosotras.  Varios de ellos al despedirse me dijeron: ¨Mucha suerte¨, ¨Gracias¨, ¨Ojala que se reciba de maestra´, ¨Usted va a ser una buena maestra¨.

Antes de retirarnos la directora del colegio nos invitó a su oficina para contarnos un poco más sobre cómo se vive el día a día en la escuela y las necesidades de los alumnos que a ella concurren.

Muchas gracias a todos los que hicieron posible este momento tan lindo que compartí con estos niños. Fue una experiencia muy linda y altamente enriquecedora para mi formación docente.

 

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